Sientes una tibia brisa de quietud acariciar entera las yemas de tus dedos y tu mano se aferra felina a la entusiasta pared de la esperanza. Tu corazón late calmo e impávida exhalas serena el vaho viciado del pánico pretérito. El hermetismo de tus párpados blinda tu fe ante la oscuridad densa y sientes como trepas liviana hacia la inmensa meseta donde se divisan cercanas soleadas praderas de frondosa ilusión.

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